Finalmente hoy terminó el dichoso curso. Agobiante, lento, con lágrimas de aburrimiento de la mayor parte de los compañeros. Para cuando todos hacían cara de sorpresa entre un documento, otro, Otro. Sentía que les llevaba una ventaja, ya me había empezado a deprimir hacía una semana cuando fui a ver a la doctora del pueblo. Y hoy lo tenía regularmente superado. No fue una sorpresa descubrir que un sólo documento constaba de dieciocho páginas y cosas así. Tuve una motivación.

El día que visité el lugar tuve invitación de la doctora para el día de mañana a su despedida. Ella me propuso que el convivio tuviera la función de despedida (original) y bienvenida mía (colada). No tengo el entusiasmo así de ir, además que tendría que quedarme a dormir porque será tarde-noche y no podría devolverme por carretera. Mi papá me acaba de decir que es un Evento Clave que marcará mi futuro este año y que por supuesto no debo faltar. No sé qué hacer, en realidad, no me he vuelto a comunicar con la doctora y pues como bien se dijo, no hay señal de celular, sólo me quedará esperar un mail. De todas maneras me conozco y sé que si decido estar allá, o las palabras de mi papá hacen demasiado eco y crean zozobra, pues ya estaré mañana buscando de cualquier manera encontrarme en el lugar.

Me estresan los cambios. Fue mi frase del internado, ja! Y es que cada dos meses, cada quince días, cada nuevo padecimiento eres nuevo en el asunto. Eres nuevo en llenar solicitudes, nuevo en hacer paracentesis, nuevo en calzarte el quirófano, nuevo en incapacidades, nuevo en ordenar el expediente. Era un cambio constante y me enamoraba de casi todos los servicios pero el primer día, ah, cómo hablar siempre del primer día. Antes de vivirlo sabía ya el sentimiento que tendría al final. Así siento ahora. No sé cuánto tiempo tarde en no sentirme nueva en el asunto, en caminar resuelta por los metros del consultorio; en no mirar con pánico el recetario. En saber quienes son familiares, amigos, líderes. No es fácil llegar a un sitio que también está acostumbrado a algo y quizá sea yo su “Nos estresan los cambios”…

Me han salido dos espinillas gigantes en la barbilla. No frecuento esos padecimientos y ahora parece que todo se ensaña en el cambio. Elías dedica a observar la dimensión durante un minuto y puntualiza: Pues sí, si está grande. ¿Solución? Me duele una de ellas. Si alguien me dijera en este momento, ponte caca de vaca, yo creo que confiaría. Vaya principios con los que voy a salvar a la comunidad!

Si me voy mañana a pasar el día por allá, contaré después de mi experiencia anticorrosiva (eso espero según las enseñanzas de mi padre) de haber compartido un día con la comunidad. Hoy, de citadina, aún.