Agosto 2007


Es la canción que he decidido escuchar para empezar a escribir. La de pink floyd, me eleva a un sentimiento puro, no sé de qué pero sentido de cualquier manera.
Victorio, así se llama mi paciente de ocheta años que al llenar la hoja intermedia y recordarlo me hizo lagrimear. Simplemente es la soledad, la vejez, la desesperanza y a la vez la fuerte encomienda de que hay que seguir viviendo aunque nada parezca tener sentido, aunque en cualquier momento todo haya de terminar. ‘Hace seis años machucaron a mi esposa, quedó toda aplastada en la carretera’ sic Victorio. Él mismo se prepara los alimentos cuando tiene ánimos de comer, por lo general, dos veces al día; sus hijos en estados unidos, dos años con hipertensión.
Este fin de semana, después de pasar las doce horas diarias que exige el fin de semana de estudio, cayó mi ánimo pensando si todos los esfuerzos valdrán la pena algún día. Y no me he de referir sólo a frutos de pasar un examen, si no a la vida misma. Si al llegar a cierta edad podré detenerme y mirar todo con satisfacción y decir: Esta es la vida que siempre soñé. Aunque es relativo y muy difícil. Porque ya no sé si tengo un sueño magnificado o acepto un gozo repetido en la felicidad mínima del compartir juicio con alguien inteligente y que sepa de expresión. Ja! Qué estoy queriendo decir? Que sepa expresar su ánimo, su verborrea producto de qué, o como sea.
*Interesados, comunicarse en tres a cuatro años.
Es a eso y a otras cosas relacionadas a las que me refiero. El hecho de ir al San remo, de hablar a diario con mamá, de ir a cenar con una amiga, de escribir así como en este momento y reconocerme en algún camino. Esta soledad de la clínica me agrada mucho, me agrada tener todo el tiempo para mi trabajo y para mí pero esto no podría ser vida; puede ser vida un año, el año que tiene que ser.
Bueno, me duele la espalda, 18 consultas y apenas alcanzaba. Vitaminas para los sentidos. Taketomo para los niños.
Seguiré con mi rutina. Viva, los tiroteos no se han repetido.

De la montaña rocallosa-peligrosa debería contar. Hoy ya no tengo miedo, pero debo decir que el día de ayer que aparecí en ese sitio y empecé a bajar las cosas del carro de mamá hicieron una balacera. Bang, bang es un sonido que dista mucho del sonido real. Sentí una opresión muy grande pero seguí con mi labor de bajar las cosas. Eran unos vecinos que estaban al lado de mi centro rural en unas lobo, ebrios a más no poder y con la música que se oía hasta Tamazula. Más tarde cuando ya estábamos cenando se repitió un tiroteo de menor intensidad. Me explicó Maria, la enfermera de fin de semana que esas cosas no ocurren siempre, que es raro, que no le tiran a nadie, sólo por gusto. Como si yo no supiera que las balas perdidas también matan. Hoy de un sitio más lejano pero en este mismo pueblo se escuhó tiroteo. Parece que no es tan raro.
Mi primer día: cuatro consultas. No me estresó tanto el cambio. Sólo los balazos. Mañana tengo junta en este y otro rancho más. Me llegó hace rato una embarazada con piquete de alacrán, fue la quinta pero en mi productividad la meto al día de mañana. Ah, tengo que estudiar y ya no tengo miedo. Total, si he de ser lesionada o de morir, pues ya estará de dios, Me lo merecía, ja!
Sobreviviendo al primer día. Cambio y fuera.