Es la canción que he decidido escuchar para empezar a escribir. La de pink floyd, me eleva a un sentimiento puro, no sé de qué pero sentido de cualquier manera.
Victorio, así se llama mi paciente de ocheta años que al llenar la hoja intermedia y recordarlo me hizo lagrimear. Simplemente es la soledad, la vejez, la desesperanza y a la vez la fuerte encomienda de que hay que seguir viviendo aunque nada parezca tener sentido, aunque en cualquier momento todo haya de terminar. ‘Hace seis años machucaron a mi esposa, quedó toda aplastada en la carretera’ sic Victorio. Él mismo se prepara los alimentos cuando tiene ánimos de comer, por lo general, dos veces al día; sus hijos en estados unidos, dos años con hipertensión.
Este fin de semana, después de pasar las doce horas diarias que exige el fin de semana de estudio, cayó mi ánimo pensando si todos los esfuerzos valdrán la pena algún día. Y no me he de referir sólo a frutos de pasar un examen, si no a la vida misma. Si al llegar a cierta edad podré detenerme y mirar todo con satisfacción y decir: Esta es la vida que siempre soñé. Aunque es relativo y muy difícil. Porque ya no sé si tengo un sueño magnificado o acepto un gozo repetido en la felicidad mínima del compartir juicio con alguien inteligente y que sepa de expresión. Ja! Qué estoy queriendo decir? Que sepa expresar su ánimo, su verborrea producto de qué, o como sea.
*Interesados, comunicarse en tres a cuatro años.
Es a eso y a otras cosas relacionadas a las que me refiero. El hecho de ir al San remo, de hablar a diario con mamá, de ir a cenar con una amiga, de escribir así como en este momento y reconocerme en algún camino. Esta soledad de la clínica me agrada mucho, me agrada tener todo el tiempo para mi trabajo y para mí pero esto no podría ser vida; puede ser vida un año, el año que tiene que ser.
Bueno, me duele la espalda, 18 consultas y apenas alcanzaba. Vitaminas para los sentidos. Taketomo para los niños.
Seguiré con mi rutina. Viva, los tiroteos no se han repetido.