De la ciudad


Sí, como temperaturas extremas lo registraron los medios escritos a los que tengo acceso. Yo tenía frío la semana pasada y no cosas sosas como las que acostumbro siempre a tener: pies y manos helados, pero no sabía el extremo de la situación. El jueves decidí que debía cruzar el río Tamazula y por fin abordar a los pobladores del rancho: El ciruelar, en sus propias casas, pues a todos los conocía pero nunca había visitado sus casas, en tiempo de lluvias el agua hasta el cuello y en tiempo de frío el agua helada. Basta de Pretextos, me dije y agarré rumbo. No es una experiencia recomendable quitarse los zapatos y calcetas para cruzar un río a temperaturas extremas, ja! Traía puesto el abrigo que Azucena calificaría como: Ropa para otro país… y lo quise porque recordé que a cuadros era también el otro abrigo que había tenido en mi vida, a los cinco años de edad. La cosa es que crucé el río, la mochila al hombro, los zapatos en las manos, el frío anestesiando mis pies. Fue una decisión intempestiva salir ese día, pero está bien, mis ojos tenían que ver algún día ese poblado de nueve casas, sin comisario, mucho menos agua, luz. Nada diferente a los otros pequeños, a excepción de un río que lo impide. Esa noche la pasé con ”Frío extremo” y por la mañana decidí que sería una locura bañarme a pesar del boiler, ja! Apenas eran las nueve de la mañana cuando llegaron del Noroeste a entrevistarme sobre el impacto de estas temperaturas bajo cero en el estado de salud de la gente de acá. Me enteré entonces de qué se trataba todo esto. Lo único que me ha quedado de esos días es una tos que he sobrellevado de buena manera. El frío ya volvió a ser ordinario.

Hace casi dos sábados volví al San remo, con la sorpresa de que tocan ya: Peces de ciudad. Vi el sitio oscuro, con ese olor a alfombra húmeda, el banquito de Juanito, las cejas alzadas de Anabel y mi paranoia del Furosemide en la cerveza, ja! (No más) Creo que es irrepetible por más sencillo que parezca. Cuando en noviembre estuve en el DF quise encontrar un barecito Sabinesco y ante los contactos más underground no se localizó un copy san remo sino lo que hay en Coyoacán, no voy a decir que quizá no haya mejores bares pero creo que esas sensaciones estarán irreproducibles en otro bar. Y sentada esa noche ahí pensé que es una de las banderas más grandes que para mí tiene la ciudad y que siempre extrañaré cuando no esté allá el sitio. Es más en esta temporada lo extraño pero lo controlo, en seis meses fui tres veces nadamás.

“En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”… Es mi frase favorita de la canción, primero Rulfo, luego Sabina expurgando todo.

Tengo que continuar con los finos detalles de: Plan preventivo de muerte materna y recolectando el suive de la semana cuatro. Como sé que leerás esto, Manuel, cuando decidas volver a tu guachochiana civilización, debo decirte que escucho tu canción de: And so it is (The blowers daugther), ja! y me da risa en lugar de la depre profunda por la que pasa el personaje. A tu nombre y a tu muy probable congelación: Que la luz se haya hecho en Huichaboachi, si es que así se escribe.  

Voltear a mi alrededor es vislumbrar lo que será mi nueva labor. O bueno, con eso está relacionado en el extraño campo semántico de abanico-pasante, champú-rancho. Ja! Y es que apenas puedo caminar por mi habitación, claro que está pequeñísimo aquí, pero de todas maneras; tengo alteritos de cosas que considero esenciales de llevar y que aún no guardo dentro de una bolsa o caja, pero que tengo listas desde hace días. El día cumbre se acerca, podría decir que estoy a horas pero sería darle demasiada importancia a mi vida en una noche como hoy en la que me siento cansada, irreflexiva. Cuando no escribo me siento irreflexiva, los pensamientos son volátiles y no puedo repasarlos porque quizá ya cambié de opinión y ni cuenta me di. Me siento descriptiva, a mi lado esta la lista más reciente de mis necesidades, hecha con un lápiz: Lámpara para estudio, un mantel, la mesa, perforadora, loza que robarle a mamá, parrilla. Son pendientes que no he tenido que comprar sino que están aquí en mi casa y debo reunir y no olvidar que los llevaré. Debajo de la lista de lo que llevaré, está el temario para el examen profesional que será en un par de meses, (un suspiro). Un H24 para casa y jardín está en el closet junto a unas galletas de avena para los momentos difíciles de hambre (relacionarlo en caso de una intoxicación o algo peligroso). Dudo que estas letras pudieran parecer de reflexión en algún momento, pero para mi significa un año después lo que estaba pensando de estupideces un año antes, ja! Es vergonzoso y divertido, porque hasta morbo siento por mi pasado como si ya lo ignorara y lo hubiera olvidado. No fui a la despedida en Los mayos, bienvenida que intentaba colar, y es que no recibí confirmación del hecho y además decidí que haría mi aparición público el mismo primero de agosto. Ya tres visitas al rancho fueron suficientes para conocer el rumbo. Ayer fui al San Remo creo que por última vez en mucho tiempo, estaba muy solo, Juanito tocó unas que no le había escuchado de Sabina, que me gustan mucho: Que se llama soledad y A la orilla de la chimenea, a parte de las clásicas favoritas, fue grato e ingrato a la vez, porque sé que no estaré próximamente para pedirle que las repita. Inicio una etapa de tensión y emoción significativa en la que definitivamente he decidido abandonar mis actividades comunes de fin de semana y de ir al café a hablar de nada. Espero que todo resulte un poco semejante a lo que estoy planeando y si no es así, tener la entereza para asimilarlo. Es decir, a fuerza que lo asimilo, pero diría, con decoro, sin tanto drama mental. Pero no quiero ni invertir más que las líneas esas en meditar esas posibilidades así que difícil el camino siguiente.Como sea, ya aparecí, después de un viaje exprés a Mazatlán el día de hoy en mi preludio de nuevo job, manejar esas horas en un mismo día me agotó y me reforzó. Me da alegría a pesar de todo lo demás que implica mi trabajo en la comunidad, de todo lo que viene después y en lo que no puedo dejar de pensar. Ni debo.          

Finalmente hoy terminó el dichoso curso. Agobiante, lento, con lágrimas de aburrimiento de la mayor parte de los compañeros. Para cuando todos hacían cara de sorpresa entre un documento, otro, Otro. Sentía que les llevaba una ventaja, ya me había empezado a deprimir hacía una semana cuando fui a ver a la doctora del pueblo. Y hoy lo tenía regularmente superado. No fue una sorpresa descubrir que un sólo documento constaba de dieciocho páginas y cosas así. Tuve una motivación.

El día que visité el lugar tuve invitación de la doctora para el día de mañana a su despedida. Ella me propuso que el convivio tuviera la función de despedida (original) y bienvenida mía (colada). No tengo el entusiasmo así de ir, además que tendría que quedarme a dormir porque será tarde-noche y no podría devolverme por carretera. Mi papá me acaba de decir que es un Evento Clave que marcará mi futuro este año y que por supuesto no debo faltar. No sé qué hacer, en realidad, no me he vuelto a comunicar con la doctora y pues como bien se dijo, no hay señal de celular, sólo me quedará esperar un mail. De todas maneras me conozco y sé que si decido estar allá, o las palabras de mi papá hacen demasiado eco y crean zozobra, pues ya estaré mañana buscando de cualquier manera encontrarme en el lugar.

Me estresan los cambios. Fue mi frase del internado, ja! Y es que cada dos meses, cada quince días, cada nuevo padecimiento eres nuevo en el asunto. Eres nuevo en llenar solicitudes, nuevo en hacer paracentesis, nuevo en calzarte el quirófano, nuevo en incapacidades, nuevo en ordenar el expediente. Era un cambio constante y me enamoraba de casi todos los servicios pero el primer día, ah, cómo hablar siempre del primer día. Antes de vivirlo sabía ya el sentimiento que tendría al final. Así siento ahora. No sé cuánto tiempo tarde en no sentirme nueva en el asunto, en caminar resuelta por los metros del consultorio; en no mirar con pánico el recetario. En saber quienes son familiares, amigos, líderes. No es fácil llegar a un sitio que también está acostumbrado a algo y quizá sea yo su “Nos estresan los cambios”…

Me han salido dos espinillas gigantes en la barbilla. No frecuento esos padecimientos y ahora parece que todo se ensaña en el cambio. Elías dedica a observar la dimensión durante un minuto y puntualiza: Pues sí, si está grande. ¿Solución? Me duele una de ellas. Si alguien me dijera en este momento, ponte caca de vaca, yo creo que confiaría. Vaya principios con los que voy a salvar a la comunidad!

Si me voy mañana a pasar el día por allá, contaré después de mi experiencia anticorrosiva (eso espero según las enseñanzas de mi padre) de haber compartido un día con la comunidad. Hoy, de citadina, aún.